Volver Enviar Imprimir

¿Cuáles son los propósitos de Dios al permitir la adversidad? III Parte

El Señor me mostró esto y habló a mi corazón diciendo : Hijito sube ya al púlpito, predica mi palabra y yo la confirmaré y respaldaré . Comencé a hacerlo. Domingo tras domingo, fielmente prediqué la Palabra.

 

Entonces, miércoles por la noche Dios pareció darme una unción especial y las Escrituras cobraron vida mientras las palabras salían de mi corazón hacia la congregación. El Espíritu Santo predicó por mí mientras yo hablaba acerca de Jesús; del Jesús de la Biblia.

 

Entonces empecé a andar con Él a través de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Pareciera como si Él saliera de las hojas de la Escritura y estuvieran en medio de nosotros.

 

Comenzó a surgir la fe. Repentinamente me percaté de una pequeña niña como de unos doce o trece años de edad que estaba lisiada y se encontraba sentada al frente , en la iglesia. Tenía un tobillo espástico y usaba un zapato ortopédico especial. Su tobillo estaba rígido como el hierro. Sentí un fluir de amor en mi corazón que manaba hacia esta niña. Algo se desbordó en mi como un recipiente de oro lleno de amor. Ya no pensé en ella como una enferma o como una lisiada. No era que yo no estuviera consciente de su enfermedad y de la necesidad de su sanidad. Sólo sentía una compasión, una compasión sobrenatural hacia ella. Este amor brotaba de mí y sentí como si quisiera ir y tomarla en mis brazos.

 

Fue esa noche, sin que yo siquiera impusiera las manos sobre ella que, repentinamente, al poner ella sus ojos en Jesús, su tobillo instantáneamente se tornó normal.

¡Un milagro divino de Dios se llevó a cabo!

Fue el divino fluir del amor y uno de los primeros milagros que nosotros tuvimos en nuestra iglesia.

 

Alguien puede preguntar: ¿ Qué le sucedió a esta pequeña niña? ¿ Cómo pudo pasar esto sin siquiera imponerle las manos, ni ofrecer oraciones por ella? ¿ Qué es esta compasión divina?

¡Era Dios!

Dios es amor y aquél que siente amor, siente a Dios.

Como dice la Escritura que vimos anteriormente en 2 Juan 6: "Anda en amor, sé guiado por él. Síguelo"

¿ Quieres tú seguir a Dios?

Entonces sigue al amor.

¿ Desea ser guiado por el Espíritu Santo?

Entonces sé guiado por el amor.

Adondequiera que este río de amor fluya, síguelo.

 

FOTO_04
W:200
H:133
9 kb

Muchas veces he emanado de mi esta corriente e amor y  ha pasado sobre ciudades y naciones para luego fluir hacia una persona en un lugar distante. He tomado el teléfono, le he llamado. Si hubiera sido completamente honesto con ella le hubiera dicho: Hermana, hay una corriente de amor que fluye de mi hacia ti . Herman, hay una corriente de amor fluyendo de mi hacia ti, y yo sé que es Dios . Pero a menudo nos les digo esto. Solamente les ministro en el nombre del Señor Jesucristo. Algunas veces sí les hablo de este fluir divino de amor que mana de mi corazón hacia ellos.

Dios restaura corazones. Alienta vidas. Obra milagros por su amor. ¡ Sigue al amor! ¡ Sé guiado por el amor!

Tú puedes preguntarte: ¿ Dónde está Dios? ¿ A dónde me lleva? ¿ A quien desea que yo ministre?  ¿ Cómo lo sabré?! Dios es amor, sigue al amor. Sé guiado por el amor.

 

Guillermo Branham, quien era un gran profeta de Dios y ahora está recibiendo su recompensa en lo alto, contó una vez una historia extraordinaria de cómo este divino amor fluyó de él en circunstancias poco usuales.

Él era un hombre que amaba estar en el campo y gustaba de la acería. Le agradaba estar junto a ala naturaleza. En una ocasión cuando cruzaba un pastizal, su toro salvaje lo vio y empezó a golpear el suelo  con su pezuña. Inesperadamente el toro se dirigió a él. El primer impulso del hermano Branham fue tener miedo. Entonces, sin siquiera estar pensando en ello, este amor del que hemos estado hablando, pareció brotar dentro de él. Branham dijo: Yo no sé como explicarlo, pero dentro de mí sentí tal amor hacia el toro. Le hablé en mi corazón y dije: ¡Oh , Dios te bendiga! Tú eres sólo un pobre animal sin inteligencia, no comprendes que no fue mi intención invadir tu territorio. Tú no entiendes que yo no te guardo animosidad alguna y que no deseaba venir aquí a turbarte. No te causaré daño. Tampoco comprendes que Dios te hizo a ti y que Dios me hizo a mi. Tú eres una bestia y yo soy hecho a la imagen de Dios. No te deseo ningún mal. Yo soy siervo de Dios. No voy a hacerte daño.

Branham no reprendió al toro. Mientras estos pensamientos pasaban por su mente y meditaba sobre ellos el divino fluir del amor salía de él.

El toro todavía corría hacia él y estaba a un centenar de pasos de distancia. Branham dijo que no sintió miedo o temor al ver que se le acercaba más y más. Se mantuvo calmado, sintiendo compasión en su corazón pensando que el animal no entendía. A unos pasos de Branham ¡ el toro de pronto paró, bajó la cabeza, fue hacia un árbol y se acostó!

 

(continuará)