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Carta a la comunidad

 

Vivimos en un mundo que ha alcanzado sus niveles más altos de desarrollo y comodidad material. Paradojalmente, todo este progreso no ha logrado resolver la crisis interior del ser humano y las preguntas fundamentales aún no han sido satisfechas. Como consecuencia de una vida sin sentido ni propósito, el hombre ha llegado al punto máximo de su frustración. Es incontable la cantidad de personas que viven diariamente derrotadas por sus conflictos tales como la depresión, la ansiedad, la inseguridad, las dudas y los temores, que ocasionan ruptura y dificultades de comunicación en el hogar, rechazo, rebeldía y división en la familia y, por extensión, el desequilibrio generalizado en nuestra sociedad.

 

¿Qué se necesita para encontrar una vida con sentido y felicidad? ¿Cuál es el camino para convertirnos en la persona libre y realizada que deseamos ser?

 

La respuesta se encuentra en una relación personal con Dios mismo, revelado en la persona de Jesucristo, quien afirmó ser “el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6).

 

Mientras las demandas de las distintas religiones y filosofías fracasan en el terreno de la realidad, la promesa garantizada por Cristo de una vida en armonía con Dios y con los hombres adquiere cada vez más vigencia: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10 b).

 

No fuimos puestos en el mundo para llevar una existencia miserable y enajenada, sino para una vida libre y victoriosa. La Biblia nos dice: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). El gran abismo entre Dios y el hombre, ocasionado por la voluntad egoísta de este último, es solamente quitado por Dios cuando tiende un puente de amor inmenso al hombre a través de Jesucristo.

 

Simplemente, por medio de la fe, puede invitar a Jesús para que llene su vida. Su ofrecimiento está en Apocalipsis 3:20: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él…

 

Si Ud. se siente identificado con estas palabras, puede hacer la siguiente oración, para invitarle como su Señor y Salvador personal:

 

“Señor Jesucristo, yo te necesito. Reconozco que Tú moriste por mis pecados. Te pido que entres en mi vida como Señor y Salvador y hagas de mí la persona que Tú quieres que sea. Amén”.

 

Si le interesa conocer más de la vida con sentido y propósito le invitamos a nuestras reuniones, y a participar de nuestros grupos de profesionales, matrimonios, jóvenes y otros.

 

Para mayor información nos puede visitar en el sitio www.cenlimi-5-region.cl, o llamar al fono 2991185 (Viña del Mar), o 2491140 (Valparaíso) o visitarnos directamente en las siguientes direcciones: Distrito Viña del Mar: 2 Norte 1133. Distrito Valparaíso.