Carta Hombres de Verdad
“Muchos hombres proclaman
cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad ¿quién lo hallará?” (Proverbios
20:6).
¿Hombres de verdad? ¿Acaso
los que hay son de mentira? Este cuestionamiento no nos puede dejar
indiferentes. Ciertamente el hombre de hoy vive en crisis, con una imagen
alterada de su masculinidad, consecuencia de una cultura donde el dominio, el
poder y la imagen son considerados como los valores principales.
Lamentablemente, estos no le han conducido a la estabilidad. Por el contrario,
le han desviado a la confusión, la incomunicación y la violencia.
Cuando un hombre basa su
concepto de hombría en lo que tiene o en lo que hace y no en lo que es, se
desvirtúa rápidamente, extraviando su identidad y su dignidad, renunciando a su
llamado de administrador eficiente de sus recursos.
Pero no todo es oscuro. Hoy
se está levantando una nueva raza de hombres diferentes, comprometidos e
integrados a un propósito mayor y trascendente (Ezequiel 22:30). En estos
tiempos de antivalores y de mentira, engaño y robo, se requiere una
transformación genuina y un regreso a lo básico, al diseño original, a los
valores y a los principios que forman hombres de verdad, con la verdad de Dios
(Juan 8:32).
Se requieren hombres de verdad para producir los
cambios en nuestra sociedad. Se requieren hombres que se levanten sobre el
nivel del promedio, hombres que se cimenten en la roca y no en la arena,
hombres de principios y generadores de paz, hombres que aprendan a amar, y no
sólo a ser amados, a personar, y no sólo a ser perdonados, a servir, y no sólo
a ser servidos, a usar el poder para construir y no para destruir, que aprendan
a disfrutar el significado de términos como fidelidad, honestidad, integridad,
comunidad. Hombres que dependan de Dios y le honren en todas las áreas de su
vida, con un testimonio de vida fructífero y consistente; cuya influencia
motive, estimule y desafíe a otros a buscar ser hombres de verdad.
¿Cómo lograr ese cambio? Se
requiere que el hombre vuelva a Dios y acepte a Jesús, el máximo ejemplo de un
hombre de verdad, y el único medio que Dios ofrece para alcanzar salvación. El
es el camino, la verdad, y la vida (Juan 14:6), quien con su vida demostró ser
un modelo excepcional de masculinidad (Filipenses 2:5-11).
Simplemente, por medio de la
fe, puede invitar a Jesús para que llene su vida. Su ofrecimiento está en
Apocalipsis 3:20: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz
y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”.
Si usted se siente
identificado con estas palabras, puede hacer la siguiente oración, para
invitarle como Señor y Salvador personal:
“Señor
Jesucristo, yo te necesito. Reconozco que Tú moriste por mis pecados. Te pido
que entres a mi vida como Señor y Salvador, y hagas de mí la persona que Tú
quieres que yo sea. Amén”.
Si le interesa conocer más
de la vida con sentido y propósito, le invitamos a nuestras reuniones donde
podrá conocer nuestra consejería sobre liderazgo, relaciones interpersonales
sanas y asesoría financiera. Atrévase a declarar que en Cristo, usted es un
nuevo hombre, un Hombre de Verdad.

